martes, 12 de mayo de 2015

ANTECEDENTES DEL PROBLEMA

Las infecciones de transmisión sexual (ITS) son frecuentes en los países en vías de desarrollo. La OMS estima que en 1999 se produjeron 340 millones de casos nuevos de sífilis, gonorrea, infección por clamidia y tricomoniasis. El Virus de la inmunodeficiencia humana (VIH) también es frecuente en los países en vías de desarrollo. La Organización de las naciones unidas del síndrome de inmunodeficiencia adquirida (ONUSIDA) calcula que, al mes de diciembre de 2003, más del 95% de los 40 millones de personas infectadas por VIH viven en países en vías de desarrollo (UNAIDS, 2003).
Las epidemias de ITS y VIH son independientes. Conductas similares, como tener relaciones sexuales frecuentemente sin protección con distintas parejas, ponen a las personas en un alto riesgo de contraer ambas infecciones, y existe una clara evidencia de que las ITS convencionales aumentan la posibilidad de transmisión de VIH. Se ha demostrado a través de diversos estudios una fuerte asociación entre las ITS (ulcerosas y no ulcerosas) y la infección por VIH. Además, existe evidencia biológica que indica que la presencia de una ITS aumenta la transmisión del VIH y que el tratamiento de las ITS reduce la transmisión del VIH, es probable que el control de las ITS contribuya de manera significativa a la prevención del VIH. (Sangani P, 2015)
En México y también a nivel mundial, las enfermedades de transmisión sexual han representado un problema de salud pública; a nivel nacional son una de las diez primeras causas de morbilidad, con un promedio de 220,000 casos anuales. Como en otros países en desarrollo, el conocimiento de la situación epidemiológica de las ETS se dificulta por existir subregistro. El problema de las ETS no se conoce debidamente en México; las pocas clínicas especialmente instaladas con ese propósito atienden a un número muy limitado de hombres y trabajadores sexuales, de tal manera que la información que se desprende de su actividad no es representativa de lo que ocurre en la población. Sin embargo, se ha estimado que la frecuencia de ETS en la población general fluctúa entre 0.1 y 0.5%; en cambio, para la población considerada como de alto riesgo, se calcula una frecuencia que va de 10 a 20%. La población expuesta se compone en su mayor parte de jóvenes, el 34% corresponde al periodo entre la 2da y 3ra década de la vida, seguido por el grupo de 25 a 44 años que integran dos décadas en un 41%. (Dominguez & Díaz, 2015)

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